Cuando conocí y me inicie en el estudio del Tarot, comencé leyendo el Neuzeit-Tarot o Tarot New Age del artista Australiano Walter Wegmüller, creado el año 1982. Sus cartas me parecieron obras de artes en si mismas; sus colores, sus dibujos y los detalles me maravillaron, y con entusiasmo, me aboque a estudiarlo y utilizarlo en mis lecturas. Todo esto cambiaría el año 2007 cuando conocí el Tarot de Marsella restaurado por Alejandro Jodorowsky y Philippe Camoin.

Lo primero que llamo mi atención fue la simpleza de sus dibujos, comparado con el Neuzeit-Tarot, pero a poco andar comprendí que en esos «dibujos simples» o sin adornos, había un caudal de información que era posible inferir y que permitía una riqueza interpretativa que no encontraba en otros tarots. A medida que lo estudiaba e integraba en mis consultas, y posteriormente en los talleres de formación, aprecie el trabajo que  habían realizado.

El proceso de restauración que ellos realizaron, permitió recobrar información valiosa que se había perdido: colores, imágenes, miradas y una de las más importantes desde mi punto de vista, darle al arcano XIII (el arcano sin nombre) su real dimensión como símbolo de cambio y transformación, alejándolo del concepto de muerte que por siglos cargó.

En las practicas de lectura que realizo con los estudiantes de los diversos cursos que he realizo, me maravillo cuando los veo interpretar esas imágenes arquetípicas y simbólicas que nutren y elevan el proceso de desarrollo espiritual y psicológico del ser humano. Los animo a no abandonar la practica diaria, fundamental en el tiempo para integrar este lenguaje visual.

Este Tarot es hoy en día el más antiguo que existe y del cual derivan todos los demás Tarots, logrando restaurarlo como era en un origen en 1430.